30 de noviembre de 2008

Echados del Paraiso

Dios expulsó al hombre; le dijo que ya no debía ocupar ni disfrutar ese huerto: pero al hombre le gustaba el lugar y no estaba dispuesto a irse, por tanto, Dios lo hizo salir. Esto significó la exclusión de él y toda su raza culpable de la comunión con Dios, que era la bendición y la gloria del paraíso. Pero el hombre fue solamente enviado a labrar el suelo del cual fue tomado. Él fue enviado a un lugar de trabajo arduo, no a un lugar de tormento. Nuestros primeros padres fueron excluidos de los privilegios de su estado de inocencia, aunque no fueron librados a la desesperación.

Se cerró el camino al árbol de la vida. De ahí en adelante sería en vano que él y los suyos esperaran rectitud, vida y felicidad por el pacto de obras; porque al quebrantar el mandamiento de ese pacto, su maldición cobra plena vigencia: somos todos destruidos si somos juzgados por ese pacto. Dios reveló esto a Adán, no para llevarlo a la desesperación, sino para animarlo a buscar la vida y la felicidad en la Simiente prometida, por quien se abre ante nosotros un camino nuevo y vivo hacia el lugar santísimo.

Genesis 3:22-24 RV60


(22)  Y dijo
Jehová Dios:  He aquí el hombre es como uno de nosotros,  sabiendo el
bien y el mal;  ahora,  pues,  que no alargue su mano,  y tome también
del árbol de la vida,  y coma,  y viva para siempre.

(23)  Y lo sacó Jehová del huerto del Edén,  para que labrase la tierra de que fue tomado.

(24) 
Echó,  pues,  fuera al hombre,  y puso al oriente del huerto de Edén
querubines,  y una espada encendida que se revolvía por todos lados, 
para guardar el camino del árbol de la vida.

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